Hay momentos en los que un gobernante debe decidir dónde quiere estar. No físicamente, sino moralmente. Puede elegir el escenario, las cámaras, las sonrisas y los reflectores. O puede elegir el lugar donde están las preocupaciones de la gente.
Hoy, Nuevo León vive una paradoja dolorosa.
Mientras miles de familias hablan del aumento de la violencia, de apagones, de la angustia por la disponibilidad del agua y de los problemas que siguen afectando su calidad de vida, el gobierno estatal parece decidido a vivir en una realidad paralela: la de los eventos, la promoción permanente y la euforia del Mundial.
Nadie cuestiona la importancia de un evento deportivo de talla internacional. Ser sede de una Copa del Mundo representa una oportunidad extraordinaria para proyectar a nuestro estado ante el mundo.
Lo que sí resulta cuestionable es convertir esa oportunidad en una prioridad política cuando existen responsabilidades mucho más urgentes.
Porque el Mundial durará unas semanas.
La inseguridad no.
Las familias que hoy sienten miedo no pueden poner su preocupación en pausa hasta que termine la fiesta.
El agua tampoco entiende de calendarios deportivos. La planeación hídrica exige decisiones de largo plazo, inversiones, mantenimiento y liderazgo constante, no solamente mensajes optimistas.
Gobernar implica establecer prioridades.
Y cuando la ciudadanía observa a un gobierno más ocupado en las fotografías que en los problemas, inevitablemente comienza a preguntarse si alguien está realmente al frente.
Los grandes líderes saben celebrar cuando corresponde. Pero también saben que hay momentos en los que la obligación pesa más que la popularidad.
Nuevo León no necesita un gobernador que nos recuerde todos los días que somos sede del Mundial. Necesita un gobernador que nos haga sentir que alguien está plenamente concentrado en garantizar seguridad, agua, movilidad y calidad de vida.
Porque los ciudadanos no viven de eventos.
Viven de decisiones públicas que les permitan regresar seguros a casa, abrir la llave y encontrar agua, salir a trabajar con tranquilidad y tener la certeza de que sus gobernantes están atendiendo lo verdaderamente importante.
La historia no recordará cuántas fotografías se tomaron durante el Mundial. Recordará quién estuvo a la altura de las circunstancias cuando Nuevo León más lo necesitaba.