Cuando se apaga Nuevo León, pierde México

Durante los últimos días, miles de familias de la zona metropolitana de Monterrey volvieron a quedarse sin electricidad durante horas. Las lluvias evidenciaron una realidad que desde hace tiempo especialistas, empresarios y ciudadanos vienen advirtiendo: la infraestructura eléctrica de Nuevo León ya no responde a las necesidades de un estado que crece más rápido que la inversión destinada a sostenerlo.

No se trata únicamente de la molestia de quedarse sin luz. Significa alimentos echados a perder, personas mayores y pacientes sin equipos médicos, comercios paralizados y hogares enteros afectados.

Las tormentas pueden ser inevitables. Que una ciudad del tamaño e importancia de Monterrey permanezca tanto tiempo sin servicio eléctrico no debería serlo.

La discusión no debe limitarse a la atención de la emergencia. El verdadero debate es si México está invirtiendo lo suficiente para fortalecer su sistema eléctrico.

Los datos son preocupantes. Organismos como Coparmex Nuevo León y el IMCO advierten que la demanda eléctrica en el noreste crecerá de aproximadamente 9,300 MW a 12,600 MW hacia 2028. Si la infraestructura no crece al mismo ritmo, el margen de reserva prácticamente desaparecerá, aumentando el riesgo de apagones.

La presión no proviene únicamente del crecimiento poblacional. México tiene 103 parques industriales en construcción, y 31 de ellos se encuentran en Nuevo León, el estado que más inversión industrial está atrayendo. Para 2028 se estima un déficit eléctrico de 2,434 MW para atender esa demanda industrial.

Este rezago no surgió de un día para otro. Durante los últimos años, la inversión en infraestructura eléctrica no ha crecido al ritmo que el país requiere. Coparmex Nuevo León ha señalado que la inversión real en generación y distribución eléctrica sigue por debajo de los niveles registrados en 2018, mientras especialistas insisten en la necesidad de acelerar la modernización de las redes de transmisión y distribución.

No basta con reparar fallas después de cada tormenta. Se requiere construir nuevas subestaciones, ampliar las líneas de transmisión, fortalecer la red de distribución, incrementar la capacidad de generación y dotar a la CFE del personal técnico suficiente para responder con rapidez ante emergencias.

Nuevo León aporta una parte fundamental de la actividad económica nacional. Es uno de los principales motores industriales, manufactureros y exportadores de México. Si aquí falla la energía, no pierde solamente Nuevo León; pierde todo el país.

La discusión no debería ser si fortalecemos o no a la CFE. Esa discusión está superada. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a invertir lo suficiente para que la empresa pueda cumplir con la enorme responsabilidad que tiene frente a millones de mexicanos.

México necesita una CFE fuerte, moderna y con capacidad para responder a un país que crece, atrae inversiones y enfrenta fenómenos climáticos cada vez más extremos. Eso exige planeación, visión de largo plazo y decisiones presupuestales acordes con esa realidad.

Nuevo León no pide privilegios; pide la infraestructura que corresponde a la responsabilidad económica que asume todos los días con nuestro país y es momento de que éste también invierta en Nuevo León. Porque cuando se apaga Nuevo León, pierde México.

Palabra de norteña.

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