Regreso a clases; ¿feliz?

Hoy más de un millón de estudiantes de educación básica regresan a las aulas en Nuevo León.

Más de un millón de niñas, niños y adolescentes que no pueden esperar, que vuelven a la escuela después de las vacaciones, mientras sus familias hacen lo posible por darles las herramientas que necesitan para salir adelante.

Pero hay una pregunta que el Gobierno de Nuevo León debería responder:
¿En qué condiciones están regresando?
Porque mientras se habla de un Nuevo León moderno, industrial, competitivo y capaz de atraer las mayores inversiones, todavía tenemos escuelas con problemas de infraestructura, mantenimiento, electricidad, impermeabilización, agua, drenaje, mobiliario y seguridad.

Y también tenemos municipios donde el crecimiento de la población ha sido tan acelerado que no existen suficientes aulas para atender la demanda educativa.

García, Juárez, Pesquería, El Carmen, Salinas Victoria, Ciénega de Flores y General Zuazua son algunos de los municipios donde el crecimiento poblacional está poniendo a prueba la capacidad del Estado para garantizar espacios educativos suficientes.

El propio Gobierno ha tenido que realizar diagnósticos de miles de planteles y anunciar recursos extraordinarios para rehabilitar escuelas y construir nuevas aulas.

Entonces, ¿cómo llegamos hasta aquí?

¿Cómo puede un estado que presume inversiones millonarias, estadios, grandes proyectos y una economía de clase mundial no tener resueltas las condiciones básicas de sus escuelas?

Y hay algo todavía más preocupante.
En días recientes, el secretario de Educación sostuvo que tener salones climatizados no es una necesidad básica.
Con todo respeto: hay que salir de las oficinas y entrar a las aulas.
Porque una cosa es hablar del calor desde un escritorio y otra muy distinta es pasar varias horas dentro de un salón a más de 35 grados.

En Nuevo León, climatizar una escuela no debería tratarse como un lujo.
No estamos hablando de poner televisiones, muebles de diseñador o instalaciones de lujo.
Estamos hablando de que un niño pueda sentarse en su salón, respirar, concentrarse y aprender sin estar luchando contra temperaturas extremas.

El aire acondicionado puede no ser un lujo. En Nuevo León puede ser una condición para aprender.
Y esto no es un asunto político. Es un asunto de sentido común.
Un niño no puede elegir la escuela a la que asiste. Tampoco puede decidir si su salón tiene agua, si funciona el baño, si hay electricidad o si el aire acondicionado sirve.
Los adultos somos quienes tenemos la responsabilidad de garantizar esas condiciones.

Por eso, hoy que regresan más de un millón de estudiantes, vale la pena recordar algo que parece haberse olvidado:
la educación no se resuelve solamente construyendo escuelas; se resuelve haciendo que las escuelas funcionen.
Cada peso destinado a educación debería reflejarse en mejores aulas, mejores instalaciones y mejores condiciones para nuestros estudiantes.

Nuevo León no puede exigirle a sus niños que sean competitivos mientras les ofrece condiciones que no lo son.
No podemos hablar de innovación, nearshoring, inteligencia artificial y empleos del futuro mientras hay estudiantes que todavía tienen que preocuparse por si su salón tiene agua, si funciona el baño o si podrán soportar el calor.
No podemos presumir un estado de primer mundo con escuelas que todavía tienen necesidades de infraestructura básica.

La grandeza de Nuevo León no se mide solamente por sus fábricas, sus inversiones o sus grandes proyectos. También se mide por las condiciones en las que estudian sus niños.

Hoy regresan más de un millón de estudiantes.
Ellos no necesitan discursos.
Necesitan escuelas dignas.
Y eso no es pedir demasiado.
Es exigir lo mínimo.

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