Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno rodeada de cifras, aplausos y una narrativa cuidadosamente construida para demostrar que México “va mejor”.
Pero un informe presidencial no debería ser un ejercicio de propaganda. Debería ser un ejercicio de rendición de cuentas.
Y ahí está el problema: el informe habló mucho de lo que el gobierno quiere que México vea, pero muy poco de aquello que los mexicanos necesitamos que explique.
La presidenta habló de austeridad, de ahorro, de programas sociales, de seguridad, de agua, de energía y de infraestructura. Aseguró que durante 23 meses se cuidó cada peso y que se redujo el gasto corriente en 200 mil millones de pesos frente a 2024.
Pero la pregunta es inevitable: ¿en qué se está convirtiendo ese ahorro?
Porque un gobierno no se evalúa por cuánto deja de gastar en vehículos de lujo. Se evalúa por si hay medicinas en los hospitales, escuelas dignas, carreteras transitables, agua suficiente, electricidad para las empresas y los hogares, y seguridad para las familias.
Y aquí es donde el discurso empieza a quedarse corto.
Sheinbaum presumió una inversión histórica en infraestructura y anunció un plan de 5.6 billones de pesos entre 2026 y 2030.
Pero México necesita saber dónde está esa infraestructura, cuándo estará terminada y, sobre todo, qué estados serán realmente beneficiados.
Y Nuevo León tiene razones de sobra para hacer esa pregunta.
Nuestro estado concentra una parte fundamental de la inversión, la industria y la generación de empleos del país. Pero esa fortaleza también tiene un costo: cada vez necesitamos más agua, más energía, más carreteras y más infraestructura logística.
En electricidad, por ejemplo, se estima que los parques industriales que actualmente están en construcción enfrentarán hacia 2028 un déficit de 2 mil 434 megawatts. De los 103 parques industriales en construcción en el país, 31 están en Nuevo León.
Es decir: Nuevo León está construyendo fábricas más rápido de lo que México está construyendo la capacidad para darles electricidad.
Eso debería ser una prioridad nacional.
La propia presidenta aseguró en su informe que durante su administración se incorporarán 32 mil megawatts adicionales al Sistema Interconectado Nacional y que la CFE tiene un plan de inversión de más de 244 mil millones de pesos para modernizar y ampliar las redes de transmisión y distribución.
Perfecto. Pero la pregunta de Nuevo León es muy sencilla: ¿cuándo llegará esa infraestructura y cuánto de ella estará aquí?
Porque las inversiones no esperan a los discursos.
Tampoco esperan las necesidades de agua.
La presidenta habló extensamente de su política hídrica y enumeró proyectos en distintas regiones del país. Sin embargo, Nuevo León no apareció entre las grandes obras hidráulicas que mencionó.
Y eso resulta particularmente llamativo porque Monterrey ya vivió una crisis hídrica que obligó a los gobiernos federal y estatal a coordinarse para construir El Cuchillo II. La obra aportó 5 mil litros por segundo adicionales y requirió una inversión superior a los 12 mil millones de pesos.
Pero Nuevo León no puede vivir esperando a que llegue la siguiente crisis para reaccionar.
Necesitamos planeación de largo plazo.
Necesitamos nuevas fuentes de abastecimiento, infraestructura de distribución, mantenimiento de las redes y una política federal que entienda que garantizar agua en Nuevo León también significa garantizar empleos, inversión y crecimiento para México.
Y lo mismo ocurre con la energía.
La presidenta habló de soberanía energética. Pero para Nuevo León la soberanía energética no es un concepto político: es que una empresa pueda conectar una nueva planta y tener electricidad suficiente para producir.
Es que no haya apagones en los hogares.
Es que la infraestructura de transmisión llegue antes que las inversiones.
Es que el norte del país no tenga que frenar su crecimiento porque la red eléctrica no creció al mismo ritmo.
Por eso el problema del informe no es que todo lo que dijo Sheinbaum sea falso.
El problema es que un informe presidencial no puede convertirse en una lista de éxitos sin explicar los costos, los pendientes y los riesgos.
La presidenta habló de seguridad y presumió una reducción de 51 por ciento en los homicidios desde el inicio de su administración.
Pero México también necesita saber qué está ocurriendo en los territorios donde las familias siguen viviendo con miedo, qué pasa con las desapariciones, qué tan sólidas son las fiscalías y qué ocurre con los grupos criminales que continúan controlando regiones enteras.
Habló de honestidad y austeridad.
Entonces hay que hablar también de corrupción y de todos los señalamientos y carpetas de investigación que rodean a personajes de su partido y su gobierno.
Habló de democracia y libertades.
Entonces hay que hablar de contrapesos, instituciones y de la concentración de poder.
Habló de que su gobierno escucha y rinde cuentas. Entonces hay que preguntar por qué tantas preguntas incómodas quedaron fuera del informe.
Porque rendir cuentas no significa solamente contar lo que salió bien.
También significa explicar lo que salió mal.
Reconocer lo que falta.
Hablar de los riesgos.
Y responder por las decisiones que tendrán consecuencias durante los próximos diez, veinte o treinta años.
Para Nuevo León, esa diferencia es fundamental.
Aquí no estamos pidiendo privilegios.
Estamos pidiendo que el gobierno federal entienda que cuando Nuevo León crece, México crece.
Que cuando una planta no puede conectarse a la red eléctrica, no pierde solamente Nuevo León: pierde México.
Que cuando falta agua para una ciudad que concentra millones de personas y una parte fundamental de la actividad económica nacional, no es solamente un problema local: es un problema de país.
Y que cuando la infraestructura pública no crece al ritmo de la inversión privada, el gobierno termina convirtiéndose en el principal obstáculo del crecimiento que dice querer impulsar.
Por eso, más que preguntar qué dijo Claudia Sheinbaum en su Segundo Informe, deberíamos preguntarnos:
¿Qué decidió no decir?
Porque no faltaron cifras.
Faltaron preguntas.
No faltaron anuncios.
Faltaron explicaciones.
Y no faltó propaganda sobre lo que, según el gobierno, está funcionando.
Lo que faltó fue algo mucho más importante:
una verdadera rendición de cuentas.
Y para Nuevo León, la pregunta sigue pendiente:
¿Dónde está la infraestructura que necesitamos para seguir haciendo crecer a México?