Cuba sí, México no

México atraviesa uno de los momentos más difíciles para su sociedad civil en décadas. Hospitales que dependen de donativos para seguir atendiendo. Albergues que sobreviven con colectas. Fundaciones que llevan años esperando autorización para poder recibir donativos deducibles. Trámites detenidos. Expedientes empolvados. Puertas cerradas.

En ese contexto aparece una noticia que indigna: una asociación vinculada al entorno del ex presidente Andrés Manuel López Obrador obtiene rápidamente el reconocimiento necesario para recaudar recursos con beneficios fiscales.

La puerta se abre.

El destino: Cuba.

Miles de organizaciones mexicanas esperan años ese permiso. Fundaciones que atienden a niños con cáncer. Asociaciones que acompañan a víctimas de violencia. Colectivos que buscan desaparecidos. Refugios que protegen a mujeres que escapan de sus agresores. Todas atrapadas en la misma realidad: trámites interminables y obstáculos constantes.

Para ellas no hay prisa.

Para Cuba sí.

Durante años el discurso oficial desacreditó a las organizaciones civiles. Intermediarios corruptos. Negocios disfrazados de altruismo. Instrumentos de intereses oscuros. Ese fue el argumento para desmontar apoyos, cerrar programas y debilitar a la sociedad civil.

Hoy aparece una escena reveladora.

Las asociaciones mexicanas enfrentan obstáculos.

La asociación cercana al poder recibe facilidades.

Durante años se habló de soberanía, de dignidad nacional, de respeto a la autodeterminación de los pueblos. Discursos completos sobre la defensa de México frente a intereses extranjeros. Palabras que apelaban al orgullo nacional y a la idea de que este país debía mirar primero por los suyos.

La realidad muestra otra cosa.

El movimiento que prometió poner primero a los mexicanos ahora moviliza recursos hacia el extranjero mientras miles de organizaciones mexicanas siguen esperando una firma.

Ni hospitales.

Ni refugios.

Ni asociaciones que trabajan en comunidades abandonadas.

Para ellas no hay urgencia.

La urgencia aparece del otro lado del Caribe.

El mensaje es brutal en su claridad.

Primero Cuba.

Después, tal vez, México.

México enfrenta hospitales sin medicinas, organizaciones sociales asfixiadas y comunidades que sobreviven gracias a la solidaridad ciudadana. Aun así aparece una prioridad inesperada.

Cuba sí.

México no.

La historia, sin embargo, suele ser implacable con los regímenes que sobreviven a base de propaganda, represión y miseria.

Más de seis décadas después, la dictadura cubana sigue en pie. Cada vez más aislada. Cada vez más desgastada. Cada vez más frágil.

Tal vez el problema no sea Cuba.

Tal vez el problema sea quién decide ponerse de su lado.

Y surge una pregunta inevitable:

¿Somos la generación que va a ver la caída de la dictadura cubana?

Yo creo que sí.

Palabra de norteña.

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