Desaparecieron la verdad

En México hay madres que escarban la tierra con las uñas.

No buscan culpables. Buscan restos.

Mientras ellas caminan con una pala y una foto, desde el gobierno federal se repite una idea cómoda: que eso ya no pasa.

Que las desapariciones forzadas quedaron atrás.
Que el Estado ya no tiene nada que ver.

Este fin de semana esa mentira se rompió.

Un juez vinculó a proceso a Hernán Bermúdez Requena, ex secretario de Seguridad en Tabasco, operador cercano al círculo de Adán Augusto López Hernández, por desaparición forzada.

No es una acusación menor.
No es un exceso de lenguaje.
Es el delito más grave que puede cometer alguien desde el poder.

Desaparecer personas.

Si el Estado ya no participa, ¿qué hace un secretario de Seguridad en un proceso por ese delito?
Si eso ya no existe, ¿a quién están juzgando?

Mientras insisten en que el problema cambió, afuera hay otra realidad.

La Organización de las Naciones Unidas advirtió que México vive una crisis de desapariciones. No habló de hechos aislados. Habló de patrones. De un fenómeno que se repite. De responsabilidades que no se han erradicado.

Y aun así, el gobierno de Morena insiste en negarlo.

Se dice que todo es herencia.
Se dice que ahora se investiga más.
Se dice que el problema es otro.

No.

El problema es el mismo.
Lo que cambió fue la forma de contarlo.

Antes se reconocía con incomodidad.
Hoy se niega con convicción.

Esa es la diferencia.

Las familias no viven en el discurso. Viven en la búsqueda. Caminan terrenos donde nadie entra. Encuentran lo que nadie reporta. Nombran lo que nadie quiere nombrar.

Ellas no necesitan informes.
Necesitan respuestas.

Y cada vez que el gobierno federal de Morena intenta reducir la crisis a una explicación conveniente, se vuelve a desaparecer algo más: la verdad.

Si un secretario de Seguridad está siendo procesado por desaparición forzada, entonces el problema sigue dentro del poder público.

No se erradicó.
No se resolvió.
No se fue.

Se administra.

Y mientras el gobierno de Morena administra el discurso, hay familias que siguen esperando.

México no enfrenta una crisis de percepción.
Enfrenta una crisis de realidad.

Lo más grave no es lo que está pasando.

Es que todavía haya quien se atreva a negarlo.

Aquí no desaparecieron las desapariciones.

Desapareció la verdad.

Palabra de norteña.

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